lunes, 25 de julio de 2011

LA MADRE, los primeros hombres y la cuestión de los dones

En el Caos de las primeras eras, mientras los Leviatanes revolvían los ingredientes de la creación en el silencio y la oscuridad, surgió Ella. Su cabello era cano y largo. Su piel apergaminada estaba cubierta de manchas y arrugas. Arrugada estaba hasta tal punto que con sus propios pliegues se protegía del frío. En su rostro no tenía ojos, para no juzgar a la creación por su apariencia, ni nariz, para que nadie pudiera enmascarar la esencia de la verdad. Su boca era grande y sus dientes afilados para juzgar con severidad. Sus muchos oídos, estaban escondidos entre los pliegues de su piel, porque la Madre siempre escucha.

En sus largos y huesudos brazos llevaba tres hijos. Uno mayor, alto y fuerte. Su piel era oscura y su cabello negro. Sus ojos enormes y verdes miraban el caos con impaciencia. Su gesto serio. El hermano mediano tenía la piel negra completamente. Sus ojos almendrados y azules. Su cabello rubio. Era el más hermoso de los tres hermanos y miraba el universo con amor. Por último el pequeño era pequeño y enclenque. Su piel era blanca como la nieve. Su cabello era plateado. Sus ojos, negros como el caos. Su gesto era neutro e inescrutable.

La Madre llevó a los tres hermanos a un cúmulo de rocas de gran tamaño que giraban unas alrededor de otras y en cuyo centro nacía una pequeña luz azul. Haciendo un gesto les ofreció los dones del universo para que escogieran uno cada uno. El mayor fue el primero en elegir y pidió poder. Al instante fue tocado por los siete leviatanes que le entregaron sus dones. El pequeño fue el segundo en solicitar la bendición de los dones y escogió el conocimiento. Al instante, la imagen de la creación, de todo lo que ha sido y será se gravo en su mente. El mediano, fue el último en pedir su don, pues no quería nada para sí. Tras escuchar a sus hermanos le dijo a la madre: “Madre, mi propia existencia es el único don que preciso y lo único que deseo es el poder que me permita ser lo que este universo al que amo precise que sea en cada momento”.

Al instante, el hermano mediano desapareció y el pequeño estallo en carcajadas crueles, pues el sabía. Madre habló: “Tres hermanos sois y larga vuestra tarea. Tú puedes realizarla y tú sabes lo que hay que hacer” Dicho esto se alejó de ellos.

El hermano mayor preguntó al pequeño que había sido del mediano, a lo que el pequeño contestó: “Ahora la creación no le necesita. Pero lo volverás a ver y entonces entenderás hermano. No quieras saber más de lo que debes. Marchemos, tenemos mucho que hacer y un hogar por construir.”

Los dos hermanos partieron y comenzaron a transformar el universo… Todo debía estar dispuesto para cuando él despertara.





Si sabes lo que tienes que hacer y puedes hacerlo, lo único que ya necesitas es tiempo, no dos manos más.

Texto escrito por David.

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