miércoles, 22 de junio de 2011

EL DEMIURGO y el principio de todo.

Paseando estaba por la creación el demiurgo cuando percibió que el eterno erial en el que estaba no había cambiado durante toda la eternidad.

¿Porqué será? Se preguntaba sorprendido. Al fin y al cabo él era parte de la realidad y se movía. Cambiaba de lugar y de estado. Podía contraerse y estirarse... Y hasta saltar a la pata coja. Bueno, al fin y al cabo si el podía. Seguramente podría hacerlo la realidad.

Con curiosidad se agachó y cogió un pedazo del suelo con su toda poderosa mano y lo puso a unos cuatro metros. Sorprendido pasó meses observando desconcertado como el pedazo del suelo que había movido, se quedaba ahí.

Donde lo había dejado...

No volvía a su lugar que era donde había estado durante toda la eternidad. Al pobre Demiurgo, a pesar de ser todopoderoso, le costaba muchísimo entender porqué la piedra simplemente se quedaba ahí. ¿Por qué no se movía? El ya la había movido. Era posible pues que la piedra se moviera. Sin embargo, el pedazo de suelo que había arrancado su quedó simplemente estático. Podría volver a su sitio si es que era donde quería estar, pero no lo hacía.

Al final comprendió que aquel pedazo de suelo no podía moverse por sí mismo... y posiblemente eso es lo que le pasaba a toda la creación. Entonces, volvió a pasear.

Bajo el cielo todo era naranja, durante la eternidad, el Demiurgo paseaba. Paseaba y observaba. Rara vez se detenía. Durante la eternidad vagaba en ciclos por la inmensidad naranja.

Bajo el cielo todo era naranja, durante la eternidad, el Demiurgo paseaba. Paseaba y observaba. Rara vez se detenía. Durante la eternidad vagaba en ciclos por la inmensidad naranja.

Bajo el cielo todo era naranja, durante la eternidad, el Demiurgo paseaba. Paseaba y observaba. Rara vez se detenía. Durante la eternidad vagaba en ciclos por la inmensidad naranja.

Decidió en un momento el demiurgo que ya había entendido todo lo que tenía que entender y empezó a aburrirse. La estática creación empezó a resultarle poco fascinante...

Y tras pensarlo recordó la piedra. El había cambiado la realidad. Podría cambiarla entera. Pero... él la entendería. Eso no era lo que buscaba.

Entonces se le ocurrió crear unos seres de infinito poder que carecían de forma alguna y los llamo los 7 leviatanes. Aunque el hombre tiempo después les ha dado otros nombres que no vienen al caso. Su tamaño era tan inconmensurable que existían (y existen) superpuestos unos con otros y ocupando toda la realidad y cada uno regiría sobre una parte de la materia pero sólo una. Sin embargo hizo ciegos y sordos a los leviatanes para que ninguno de ellos descubriera la existencia del resto.

Tras ello rompió el suelo con su todopoderoso brazo con un golpe de tal poder que la uniforme materia se disgregó completamente por toda la creación quedando a merced de los Leviatanes. Estos, ejerciendo su poder, hicieron bailar el polvo por todo el universo...

Y la inmensidad naranja se convirtió en oscuridad.

El Demiurgo se sentía cansado, así que decidió dormir.




El demiurgo soñó que si algo depende de ti para empezar a moverse, será mejor que lo pongas en movimiento... o tal vez no se mueva nunca.


Texto escrito por David.

No hay comentarios:

Publicar un comentario