lunes, 20 de junio de 2011

“Síndrome” viajero

Hace algún tiempo descubrí que existe en la mente de las personas cercanas a mi cierto “síndrome” (por llamarlo de algún modo) viajero. Empieza a demostrarse abiertamente alrededor de los 17-18 años y hasta que no te has asentado en un lugar concreto no desaparece.

Hay gente que es siempre de la misma tierra donde nació. Es mi caso. Amo Pamplona, aunque no todo lo que conlleva amarla sea de mi gusto. Pero nunca he tenido el impulso o necesidad de salir a conocer mundo ni me he sentido encerrado en una ciudad tan pequeña. También conozco el caso contrario, gente más cosmopolita y/o aventurera que no se siente a gusto aquí, por los motivos que sean, y necesitan irse a ver, descubrir y probar cosas que están en lo desconocido.

Aunque no tenga el “síndrome” viajero muy desarrollado, eso no significa que no quiera conocer mundo y viajar. Todos los años me doy el capricho de ir a visitar una nueva zona del mundo. Republica Dominicana, Italia, Grecia, Irlanda, …. Y este año no será excepción.

Pero aunque una semana de vacaciones en un lugar donde chapurreas bien que mal la lengua local y está lleno de lugares, personas y vivencias totalmente nuevas y distintas sea algo increíble, estoy prácticamente convencido que la rutina (que dentro de mi teoría es aquello de lo que huyen los que poseen un “síndrome” viajero más desarrollado que el mío) acaba entrando en nuestras vidas. Y al final hay que vivir y en vez de deprimirse por que la rutina ha entrado en tu vida, creo que es más entretenido vivir día a día a ver si por tontos y simples actos puedes romper la monotonía del día a día. Y no necesitas un viaje o un Erasmus o conocer otra ciudad para ello. Ese es mi punto de vista, por supuesto.

Estoy acabando de comer mi manzana diaria. Es uno de los mejores momentos del día. Me siento tranquilo a disfrutar de una roja manzana royal gala y reflexiono sobre cosas. Y la manzana de hoy ha tenido esta reflexión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario