TEXTO DE DAVID
En ocasiones el azar te lleva a sitios que te sorprenden. En ocasiones buscando ciertas cosas encuentras cosas distintas a las que tenías en mente, pero no por ello menos interesantes. Ayer, por ejemplo, al meterme en el “Grooveshark” se me ocurrió poner a buscar la palabra trance. Me puse una de las canciones que salían al azar y a partir de ahí me pase todo el día escuchando al grupo en cuestión: California Sunshine.
En ocasiones el azar te lleva a sitios que te sorprenden. En ocasiones buscando ciertas cosas encuentras cosas distintas a las que tenías en mente, pero no por ello menos interesantes. Ayer, por ejemplo, al meterme en el “Grooveshark” se me ocurrió poner a buscar la palabra trance. Me puse una de las canciones que salían al azar y a partir de ahí me pase todo el día escuchando al grupo en cuestión: California Sunshine.
Concretamente la canción que escuche en primer lugar se titula “Summer 89” del disco “Trance”. Me llevé una gran alegría al comprobar que, efectivamente, dan lo que prometen: trance. A partir de ahí me pasé el día dándole vueltas a las cosas tan curiosas que nos afectan a la mente. Justo el jueves, tirado en un parque con el bueno de Darío y el bueno de Ender estuvimos hablando de esas cosas… digamos que el camino estaba ya abonado, pero sorprendentemente, nada más sentarme a la tarde con un amigo a tomar una cerveza (el bueno de David) me empezó a hablar de que había estado leyendo sobre la Programación Neurolingüística (o PNL) que, para los ignorantes del mundo de la psicología no es mas que cierto enfoque psicoterapéutico basado en el manejo del lenguaje que busca mediante la repetición de actos de los sujetos modificar sus hábitos. Fue un enfoque que se puso muy de moda a finales de los 90 y que vio perder su interés comercial literario con el surgimiento de la “psicología positiva”.
En fin, a lo que iba: la PNL parte de la base de que si tú consigues integrar una serie de conceptos racionales en ciertas pautas emocionales o en hábitos activos, podrás modificar tus conductas o las conductas de otros. Por ejemplo, si yo consiguiera relacionar la idea de que fumar es malo con el amor que proceso hacia mis hipotéticos hijos y mi deber de educarlos mediante el ejemplo, me sería mucho más fácil dejar de fumar pues me sentiría culpable al hacerlo y por tanto procuraría no hacerlo. Del mismo modo si mi habitúo a relacionar el maltrato a una mujer con la idea de conseguir una hipotética pareja sumisa y buscada, pues incentivaré una conducta de maltratador en mí mismo y, posiblemente una actitud de maltratada en la persona sobre la que recaiga mi violencia. En ambos casos, lo que consigo es modificar la realidad (la mía o la cercana) con un mero proceso mental (que en los ejemplos he simplificado de manera insultante, si a alguien le interesa el tema que se informe más).
¿Eso significa que podemos engañar a nuestra mente o a la de otros y a través de esa mentira generar una verdad? Pues sí, podemos. Haced la prueba de imaginar como cortáis un jugoso limón con un cuchillo. Imaginad su jugo deslizándose por la piel. Imaginad que lo tomáis en vuestra mano y lo acercáis a vuestra boca… y os daréis cuenta que mientras lo imaginabais habéis empezado a salivar.
Por supuesto esto tiene un montón de utilidades prácticas a nivel educativo, rehabilitador o reintegrador. Obviamente, como todo lo que suponga una manipulación para la mente está mal visto por culpa de cierta falsedad moral que se ha impuesto en la sociedad moderna y que hace que cosas como el argumento de “La Naranja Mecánica” nos parezcan actos inmorales y reprobables.
Pero aquí viene la cuestión que realmente quiero plantear al aire: ¿No es acaso nuestra moralidad una programación neurolingüística? El principio antrópico dictamina que “El mundo es necesariamente como es porque hay seres humanos que se preguntan por qué es así”. Sin embargo el ser humano tiene la capacidad de cambiar su arco de pensamiento y a través de ello sus preguntas… ¿Eso cambiará el mundo? ¿Tal vez esperamos que otros cambien el mundo cuando está en nuestras manos?
O tal vez, simplemente, sea mejor seguir escuchando trance para no pensar en estas cosas… El pensamiento te hace responsable.
O tal vez, simplemente, sea mejor seguir escuchando trance para no pensar en estas cosas… El pensamiento te hace responsable.
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