“Recuerdo dolor. No sabría expresarlo con mejores ideas.
¡Nuestro!.
La ira hincha mis venas. No recuerdo quien soy.
¡Oscuro!.
Millones de chasquidos. Mío solo queda estos pensamientos.
¡Despierta Despierta Despierta!”
¡Nuestro!.
La ira hincha mis venas. No recuerdo quien soy.
¡Oscuro!.
Millones de chasquidos. Mío solo queda estos pensamientos.
¡Despierta Despierta Despierta!”
La estancia es oscura. Millones de puntos rojos observan el centro de la sala, donde descansa una criatura que no se ha visto nunca. Un tronco humano, con garras en lugar de brazos. Toda su piel es oscura y está cubierta de vello recio y largo. Su cintura se une a un abdomen insectoide. Su rostro es irreconocible por culpa de los cortes y de la angustiosa mueca de dolor.
El pecho de la criatura se mueve, la criatura respira constante.
“Recuerdo los ojos, sus garras clavadas en mi cuerpo.
¿Cuantas veces morí?
¡Fuego! ¡Miedo!”
¿Cuantas veces morí?
¡Fuego! ¡Miedo!”
Como un golpe en la mente, la criatura se incorpora como si un latigazo recorriera su espalda. Varios tubos recorren su espalda, conectados a una máquina que introduce en su cuerpo un líquido negruzco.
La criatura abre unos ojos extrañamente humanos que casi se salen de sus orbitas. Recorren lentamente su cuerpo, desde los brazos hasta el aguijón en el límite de su abdomen.
“¿Que soy?
Recuerdo piernas.
¡Huir!¡Huir del fuego!”
Recuerdo piernas.
¡Huir!¡Huir del fuego!”
La criatura se incorpora, y avanza hasta donde los tubos le permiten. Los millones de ojos le siguen.
A los pies de la criatura hay unos despojos. La sangre esta ya seca, la carne podrida y la tela hecha jirones. Pero en medio de los despojos algo brilla. La criatura se agacha a recogerlo.
A los pies de la criatura hay unos despojos. La sangre esta ya seca, la carne podrida y la tela hecha jirones. Pero en medio de los despojos algo brilla. La criatura se agacha a recogerlo.
“Recuerdo este brillo.
¡Replegar¡¡Terror!¡Morir!
¿Miedo de que?¿Quien muere?
¡Morir!¡!Mal lugar! ¡Huir!
Huir. Yo recuerdo que también huía...”
¡Replegar¡¡Terror!¡Morir!
¿Miedo de que?¿Quien muere?
¡Morir!¡!Mal lugar! ¡Huir!
Huir. Yo recuerdo que también huía...”
La criatura contempla la placa mecánica que ha recogido mientras recorre con su garra los surcos que tiene escritos.
“Reconozco estos rasgos. Son palabras.
¡Recuerdos humanos de otro lugar!¡Destrucción!
¿Que pone...?....
¡Quietos!¡Quietos!¡Quietos!
G.....
¡Norte!¡NORTE! ¡NORTE! ¡NORTE!
Gi.......
¡Recuerdos humanos! ¡Cicatriz hasta dentro!
Gib.....
¡¡¡¡Destruir planeta con fuego!!!!
Gibert.....”
¡Recuerdos humanos de otro lugar!¡Destrucción!
¿Que pone...?....
¡Quietos!¡Quietos!¡Quietos!
G.....
¡Norte!¡NORTE! ¡NORTE! ¡NORTE!
Gi.......
¡Recuerdos humanos! ¡Cicatriz hasta dentro!
Gib.....
¡¡¡¡Destruir planeta con fuego!!!!
Gibert.....”
La criatura deja caer la placa metálica. De sus ojos caen lágrimas. Pero su cuerpo gira, y seguido por millares de criaturas de aspecto arácnido se aproxima a una inmensa cristalera que muestra la tierra.
Desde el espacio se ve en el norte una inmensa brecha en la tierra. Un acceso directo hacia el núcleo.
Y la criatura abre por primera vez la boca mientras un estruendo de chasquidos llenan el silencio del espacio.
Y la criatura abre por primera vez la boca mientras un estruendo de chasquidos llenan el silencio del espacio.
“¡¡¡MATAREMOS HUMANOS!!!
¡¡¡DESTRUIREMOS PLANETA CON FUEGO!!!”
¡¡¡DESTRUIREMOS PLANETA CON FUEGO!!!”
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